lunes, 19 de noviembre de 2012

Campaña "Tapones para continuar la vida". Recogida de tapas y tapones.

En esta última temporada, en el colegio estamos recogiendo tapas y tapones para María, una niña de 11 años prima de un profesor de nuestro centro.
Esta siendo una experiencia muy gratificante, de esas que demuestran que con pequeños gestos se puede hacer mucho bien a otros. Los alumnos nos los entregan con gran cariño y respeto por lo que significan esos tapones.
Lo que empezó como un favor que pidió un profesor a sus compañeros, se está convirtiendo en una pequeña ola de solidaridad hacia una niña con discapacidad, que va creciendo y necesita elementos que le ayuden a continuar su vida con normalidad (una silla de ruedas en este caso), que siempre suponen grandes inversiones para su familia.

Hemos llamado a la campaña "Tapones para continuar la vida".

¿Quién se anima a ayudarnos?

Toda esta actividad nos está sirviendo para trabajar con los niños y chavales:
  • el significado de los pequeños gestos solidarios, lo bien que nos sentimos cuando resultamos útiles, 
  • el sentido de que la unión de muchos sirve para conseguir un objetivo común, 
  • la necesidad del reciclaje para construir un mundo más sostenible, 
  • la sensibilidad con las familias que tienen en su seno un niño con una discapacidad severa, ayudando a financiar una parte de sus grandes gastos,
  • el mérito de mantener la disciplina de recoger tapones durante mucho tiempo, asumiendo proyectos que a priori parecerían imposibles, por que su objetivo final se ve lejano,  
  • la sensación de considerarnos con suerte y aprender a valorar el tener algunas capacidades que nos permiten hacer muchas cosas frente a otras personas con más limitaciones,
  • la oportunidad de relativizar lo que a veces pensamos que son grandes problemas problemas, 
  • el sentido que tiene ayudar a otras personas que quizás ni conozcamos en ésta época de crisis que parece no tener fin... 
¡Qué suerte cuando nos involucramos en proyectos en los que todos ganan!.

En poco más de una semana hemos recogido más de 100 kg de tapones de aquí y de allá (mucha gente conoce a alguien que ya los estaba recogiendo y los trae al colegio, otros han avisado a sus amigos, o han dicho algo en su parroquia o en su empresa). Y tenemos promesas de otros tapones que llegarán.

Impresionados y agradecidos estamos.

Juntar 6000 Kg no será tarea fácil, pero ahí estamos. En la familia de María ya tienen unos 700 kg recogidos. Ya queda menos. Valen todo tipo de tapones y tapas de plástico (zumos, refrescos, bricks, tapas de colacao, nocilla, champús, desodorantes y limpiadores del hogar...). El motivo de recoger tapones y no envases completos, es porque tienen un mayor valor para las empresas de reciclaje, al ser productos que no han sido reciclados nunca. Por tanto, están "mejor pagados".

A ver si somos capaces de mantener la moral alta durante bastante tiempo. Y a ver si dentro de unos meses podemos decir de nosotros mismos que "lo hicimos, porque pensamos que no era imposible, y nos atrevimos a intentarlo".

Los puntos de recogida están en las aulas del colegio.

Además, el padre de la niña, puso el otro día en su muro de FaceBook un vídeo que el curso pasado hicieron los educadores del centro al que llevan a María. Se destila pasión, cariño, respeto, ayuda, diversión, no tirar la toalla, creer en que se pueden hacer grandes cosas con niños por los que mucha gente no apostaría nada... Cada vez que lo veo, me emociono. Me hace creer en los humanos, en estos momentos de crisis y zozobra.

En nuestro colegio también tenemos alumnos de integración, con discapacidades quizás no tan severas como las que aparecen en este vídeo, pero que nos llenan las aulas de ternura, de cariño, de posibilidades de relación, de afectos, de energía, de un amor infinito, de vida (y Vida -la que procede de Dios-). Suponen un regalo para nosotros, y como buen regalo, su presencia entre nosotros porta más de lo que se ve a primera vista.



Está clarísimo que el cariño ayuda a construir a las personas, y es evidente el afecto que estos educadores sienten por esos niños. Y lo que disfrutan haciendo cosas con ellos.
Es una muestra de cómo convertir lo que en principio fue una desgracia familiar (hijos que nacen con una discapacidad grande) en todo un surtidor de afecto y de unión. Y seguro que además, a través de estos niños, se han forjado amistades entre los profesores y las familias, grandes complicidades, y en este caso, claramente, redes de ayuda.
Como dice la letra de la canción:
"Bonita la gente que viene y que va. Bonita la gente que no se detiene, bonita la gente que no tiene edad, que escucha, que entiende, que tiene y que da".
Qué gozada. Realmente Bonito!



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